El-peletero ha dejado esa frase que me ha gustado y me ha traído recuerdos de mi infancia, de ese niño flaquito y escuálido, que tropezaba con todo, se resbalaba con cualquier cosa, y en todas las cenas siempre dejaba la mancha en el mantel. Sin contar las veces que rompía la conversación de la cena porque siempre se caía una cuchara o un chuchillo al suelo. El vaso de agua que derramaba, y para no variar se manchaba la camisa o el pantalón. Donde estaba la servilleta?, pues en el suelo toda pisoteada. Que paciencia la de mis padres! Y que risotadas las de mis hermanos.

Mi padre con esa paciencia divina me decía: Armando hijo ten cuidado… me lo decía en voz baja y con una sonrisa, que pensándolo bien… ya estaba esperando el primer accidente sin inmutarse. Qué bonita es la infancia, pero en su momento… ufff que estresante puede ser para un niño calamidades que no lo puede evitar.

Distraído siempre pensando en las musarañas y nunca atento a el orden de los botones de la camisa y mucho menos el lazo de los zapatos. Menos mal que antes de salir a la calle… tenía que pasar inspección, con todos esos recordatorios, de no te ensucies la ropa!, no te metas las manos en los bolsillos mientras caminas! y recuerda que el peine que tienes en el bolsillo es para que lo uses!… y por qué te has puesto tanta brillantina en el pelo?... la verdad que cuando estaba en la calle con ese sol sentía como la brillantina me bajaba por la frente… Qué asco de niño! Y que contraste a mis hermanos, tan pulcros, robustos y rosaditos con esas camisas almidonadas que parecían príncipes.

Ellos tan deportistas y yo sentado en cualquier rincón leyendo lo que sea, pero completamente ausente de todo. Mi realidad era lo que estaba leyendo… y después todo lo que estaba imaginando. No cabe duda que yo era un reto para mis padres, pero mucho más para mi querida Mima, la señora que me cuidaba desde que nací… alguien tan especial en mi vida, que cada vez que escucho su nombre se me escapa un suspiro en el corazón.

Pues no sabían que hacer conmigo, a pesar de todas las atenciones , era anémico… y con un color que no recuerdo, pero los adultos tan discretos le decían a mi madre… que flaquito está Armandito… no come bien verdad? Cada vez que escuchaba eso ya sabía lo que venía detrás … otra visita al pediatra de familia el Dr.Pratts … que le decía a mi madre… si quieres que engorde llévalo a un garaje para que te lo inflen. Mira, que se pase todo el verano en la playa… a ver si así coge mejor color y se le abre el apetito… y ya saben. Al terminarse las clases… de ahí al barbero para que me dieran ese pelado… a lo alemán… porque como nunca me peinaba, por lo menos luciría más limpio.

Y yo la verdad que encantado porque desde que recuerdo siempre he sentido el hechizo del mar, la playa y ese ambiente de libertad que se respira. Bueno y a que viene todo este cuento?... pues para que tuvieran una idea del niño que estaba de visita con su madre en casa de unas amistades… y la hija de ellos, ya una muchacha joven preciosa… que me tenia locamente enamorado, porque al saludarme me daba un beso y me llevaba con ella a su piano... yo sentado mirándole la cara, su sonrisa, sus manos tan bonitas, e inclusive su aroma fresco de flor. Estaba enamorado… jajajajjaja… sobre el mismo piano estaba una foto de ella con esa sonrisa que me mataba. El marco era de espejo, si lo recuerdo bien y había un espejo en la pared detrás del piano que me regalaba más de ella. Bueno… pero en esta visita a la cual yo iba de voluntario. (Para verla )… ella no estaba en casa ese día. Y lo acostumbrado era que me ofrecían unas galleticas y un vaso de leche (claro por lo flaco que estaba). Yo aburrido como una ostra, sin mi novia presente en casa me fui caminando al piano y la verdad que estaba aburrido y triste. Pero al subir la vista y ver su foto… la tome en mis manos y me la comí a besos. No quedó un rincón de la foto sin un beso mío… estaba nervioso pensando que alguien me podía sorprender… pero nada… yo a besos con la foto. De ahí me fui al espejo que estaba detrás del piano y ensayé los besos para María Cristina… y la verdad que esos besos en el espejo fueron un éxito porque después nadie se ha quejado. De pronto siento que viene mi madre y esta señora hacia el salón donde estaba el piano y me senté en el banco del piano muy tranquilo. La conversación seguía y la anfitriona mira hacia donde yo estaba y se me congeló la sangre… y dice: Pero que le ha pasado al retrato de María Cristina?!!!!!... me viro y esta todo manchado de mis manos grasientas de las galleticas y la leche que tenía en los labios… Un asco de foto… y el espejo manchado! Vi que esta señora mira a mi madre… En ese momento quise que me tragara la tierra… y creo que perdí la palidez porque la amiga de mi madre me miro a los ojos y me dijo: Que bonita es María Cristina verdad?... me quedé mudo y unos minutos más tarde mi madre me miraba por el espejo retrovisor del coche y me decía: Que vergüenza me has hecho pasar Armando… qué vergüenza! Llegamos a casa, subí a mi cuarto y escondí mi cabeza en un libro esperando ese gran castigo merecido… pero nada. Mi madre, mutis… y nunca se hablo del asunto… Pasaron los años y un día hablando de las cosas que hacen los hijos le digo: Madre te acuerdas de aquella amiga tuya que tenía una hija que se llamaba María Cristina? Se queda pensativa y me dice: Claro que me acuerdo de ellas… y me acuerdo de los besos que dejaste en el retrato… y menos mal que cuando estaba presente no vieron los besos que dejaste en el espejo. Qué vergüenza me hiciste pasar Armando… qué vergüenza! Y rompimos a reír.