Pues sí, estamos en el otoño... ¡pero que diferente es el otoño en esta latitud subtropical! Es algo así como una quasi-primavera. Y el cambio en el barómetro ¿es acaso un cambio?... si acaso una brisa tenue por las tardes y menos humedad por las noches.
Pero donde se nota una gran diferencia es en la lluvia... no es la lluvia agresiva y escandalosa de los veranos que amenazan huracanes. Es lo que llamaría una lluvia dócil... que no encharca las calles y acaricia el cristal de las ventanas.
Cuando presiento a esa lluvia que curiosamente también crea un aroma especial de limpieza que recoge todas las partículas de aire y se respira profundamente. Me recuerda a esa infancia del pasado que esperaba que escampara para poder salir... salir al jardín... solamente para sentirme libre y no enjaulado. ¿Espíritu de rebeldía? Puede ser...
Junto a mis hermanos divertidamente rezábamos...
¿Acaso era esta una oración?
¡San Isidro el labrador, quita el agua y pon el sol!
¡San Isidro el labrador, quita el agua y pon el sol!
¡San Isidro el labrador, quita el agua y pon el sol!
Repetidas veces por lo que hoy yo llamaría un mantra hindú. Y así nos divertíamos entre risas ya perdidas... mientras esperábamos nuestra liberación.
Mi nieto hace lo mismo... espera en la ventana a que deje de llover e irse al patio... Me detuve con él a mirar la lluvia y le pregunte... ¿Qué quieres hacer cuando deje de llover? Y respondió con un suspiro...
-¡Nada! Es que no quiero estar en la casa y me dan ganas de salir cada vez que llueve así.-
Entonces le conté lo que hacia con mis hermanos... y noto que es como si le hablara en chino... específicamente lo de San Isidro. Pero me dice... ¿entonces también tienes ganas de irte al patio?
Y comprendí que eso es exactamente a lo que todavía me invita esta lluvia tenue de otoño. A disfrutar la vida y sentirme libre de los encierros creados por la madurez... por esas reglas establecidas por los abuelos de los abuelos y que estos nietos de los nietos siguen enamorados de esta lluvia mansa del otoño. Por eso, abrí la puerta y salí a mojarme bajo la lluvia con mi nieto.
Empapado le enseñé un nuevo estribillo.
We are having fun in the rain!
We are having fun in the rain!
And we are jumping in the water!
Y nos lanzamos a la piscina. ... Y escuché en mi nieto la risa de mis hermanos.
En noches de insomnio o cuando me despierta el tedio a media noche. Ese tedio que es parte musa y parte huidizo... repaso canciones del pasado. Esas canciones que aunque olvidadas dejan su mella.
Admiro a los compositores que enlazan música, letra, y la vida en sus canciones. Una de estas canciones es: "Que tal te va sin mi" canción que considero preciosa por su mensaje al corazón y como bien describe el desespero de un hombre enamorado. No creo que exista mejor intérprete que Raphael. Ya que la música y letra piden emoción y sentimiento.
O has comprendido que el amor no se improvisa... estas palabras son tan contundentes que se quedan como reglón imborrable o guía.
Pero siendo un gran artista Raphael le añade unas palabras al final de su interpretación que según mi criterio dice todo lo que espera el psiquis de un hombre. Esas palabras que necesita escuchar desde que recuerda lo que encierra su felicidad.
¿Cuales son esas palabras tan necesarias para el desarrollo emocional desde la infancia? Esas palabras como las que nuestras madres nos nutren al decirnos: ¡Que bonito mi niño!, ¡Que guapo eres!, ¡Que bueno es mi niño!, ¡Que inteligente eres!, ¡Mi cielo!, ¡Mi tesoro! ¡Mi rey!, ¡Mi vida!, ¡Mi niño lindo! Y en fin... todas esas palabras que nos edifican emocionalmente y nos dan esa sensación de seguridad al sentirnos amados. ¿Pero que pasa cuando ya somos adultos?
Creo que seguimos necesitando esas exageraciones de afecto o amor constantemente... no con ese mimo o tono de voz, pero necesitamos pensar que nos aman, necesitamos sentirnos amados... somos tan egoístas que inclusive aunque no podamos ser recíprocos esperamos siempre esas mentiras piadosas.
¡Así es! Mentiras necesarias para continuar con la vida... La mujer que sepa darlas como una dosis a su debido momento siempre lograra que su pareja se sienta feliz. Y bueno si ella ama a su pareja mucho mejor... esas mentiras necesarias se convierten en palabras que nutren la relación.
Siempre le digo a mis hijas... observen la cara de felicidad de los niños cuando sus madres les mienten con tanta ternura.
Porque no todos los niños son los más guapos, ¡porque mira que hay niños feos que reciben esas palabras de sus madres!. Ni son tan inteligentes, pero sus madres con esa mentira logran que su vástago se lo crea y se esmere en ser un poco más que mediocre. Y mucho menos son el tesoro de la casa. Pero sus madres con su amor usan esas palabras como llaves para lograr tantas cosas. Y esa es la clave... palabras claves para pulir el brillo de los ojos y del corazón. Y sacar la felicidad de esos rincones del corazón.
Palabras como: ¡Nadie como tu!, ¡Eres el único!...
¿No son mentiras maravillosas?
Y al final de su interpretación Raphael... magistralmente dice:
Escribo porque me nace hacerlo... es algo que disfruto e intento compartir. Aunque les confieso que estos no son mis mas preciados poemas, pero siendo hermanos de aquellos que están amordazados
También son dignos de compartir y darse a conocer.
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